Empresas: Tipos de Sociedades Armilla Andalucía

En este artículo vamos a hablar sobre la forma jurídica que asumirá tu nueva empresa. Los tipos de sociedades son: sociedad limitada, sociedad anónima, empresario individual y comunidad de bienes...

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958415708
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958254712
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Granada, Andalucía
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958421538
Leonardo Da Vinci 1
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De: Dennis H. Lewis

Hay tres factores claves para considerar a la hora de escoger que tipo de sociedad vas a crear.

Lo más importante es el tema de responsabilidad. Desde el principio hay que entender que la mejor idea en manos del más cualificado, puede no salir bien. Un giro en el mercado, una innovación inesperada o una crisis personal puede estrellar tu nueva iniciativa (menos mal que soy tan optimista).

Si ocurriera, ¿qué pasaría? ¿Quién asumiría las responsabilidades frente a trabajadores, acreedores y clientes? No es una pregunta insignificante.

Por eso existen las múltiples formas jurídicas para constituir una empresa.

En segundo lugar, debes considerar la complejidad de la gestión. Toda empresa tiene la obligación de cumplir con la hacienda pública, la seguridad social y un sinfín de trámites burocráticos constantes.

En función de la forma jurídica que eliges asumirás unas obligaciones mayores o menores.

Y en último lugar, pueden existir importantes factores fiscales que afectan a tu decisión. En España, cada régimen fiscal puede estar condicionado a la forma jurídica elegida.

El Empresario Individual:

La forma más simple y rápido de entrar (como meter el dedo gordo en la piscina) en el mundo de los negocios es como empresario individual. Esto se suele llamar “ser autónomo”. Y como bien indica la palabra, estas personas están solas. Legalmente no existe ninguna separación entre su vida empresarial y su vida privada. Sus bienes son los bienes de la empresa igual que las deudas, responsabilidades e ingresos. Todo en un mismo saco. Es la forma más peligrosa pero más sencilla de hacer negocios.

Un autónomo está exento de muchos trámites y gestiones. Según la actividad en cuestión el empresario individual puede optar al régimen fiscal denominado “módulos”. En este caso, en función de una serie de parámetros (consumo de luz, metros cuadrados del local) hacienda determinará una cuota de IVA que debe pagar. Da igual que gane o pierda hacienda se lleva lo suyo.

En el caso de los profesionales (médicos, arquitectos, aparejadores, abogados…) los impuestos se pagará en el régimen de estimación directa. Esto quiere decir que cada trimestre deben realizar una liquidación del IVA y mantener un registro de facturas de ventas y gastos. Sin embargo, no es necesario llevar una contabilidad completa.

En ambos casos, todos los ingresos del autónomo deben ser contemplados en su declaración de la renta y pagará en función del tramo en que esté. No tiene obligación de pagar el impuesto de sociedades. Sin embargo, también está más reducido el tipo y cantidad de gastos que pueden desgravar.

El empresario individual asume, en carne propia, todos los riesgos de su actividad. Ante una reclamación de un trabajador, un cliente o un proveedor todos los bienes del empresario actúan como garantía.

Comunidad de Bienes:

Una comunidad de bienes es una la forma más simple de compartir una actividad. Para mí, la mejor definición de esta forma de hacer empresa es “ser socios”. Cada socio aporta un porcentaje del capital y asume solidariamente todo el riesgo de la actividad.

Las comunidades de bienes no pagan ni IRPF ni impuestos de sociedades. En su lugar, a final de año se sacan las cuentas y cada socio repercute en su propia declaración los ingresos y gastos que le corresponde en función del porcentaje de participación que tenga. Si son dos socios que van a medias, sería el 50% cada uno.

Todos los riesgos que asume la comunidad de bienes están asumidos solidariamente entre los socios. Si pasa cualquier imprevisto, ambos socios están obligados a responder ante el 100% de la deuda. Si un socio no puede pagar y el otro si, este debe pagar la deuda en su totalidad sin tener en cuenta su porcentaje de participación.

Sociedad Limitada:

La manera más sencilla de protegerse frente a las responsabilidades empresariales es creando una sociedad limitada.

Es como tener un hijo. Una sociedad es una entidad jurídicamente independiente, cuya objetivo es el desarrollo de una o varias actividades empresariales. Ante la ley, una sociedad limitada (o anónima) se considera prácticamente como una persona física.

De hecho, los dueños de la sociedad, no son responsables de los actos que cometa, sino esta responsabilidad cae sobre los gestores de la misma. Pero aún así la responsabilidad también está limitada al cumplimiento de sus obligaciones legales. La responsabilidad económica ante acreedores cae exclusivamente en el capital social y los bienes que posee.

Una sociedad limitada, por ley, debe mantener una contabilidad conforme a las exigencias de la normativa. Debe mantener sus cuentas en un formato específica y debe entregar al registro mercantil cuentas anuales y una memoria anual sobre la actividad. Por supuesto que también debe realizar todas sus declaraciones trimestrales de impuestos, retenciones e IVA.

Por último, las sociedades deben pagar anualmente el impuesto de sociedades que se fija en un porcentaje sobre los beneficios que ha logrado.

Sociedad Anónima:

Una sociedad anónima básicamente es una sociedad limitada para mayores. Ofrece las mismas garantías, pero requiere una inversión mayor.

El capital mínimo para formar una S.L. son 3.005,06 (500.000 pesetas) y en el caso de una sociedad anónima son 60.101,21 (10.000.000 pesetas).

A parte de esta diferencia, son muy parecidas.

Para resumir, cada forma jurídica de empresa tiene su lugar y propósito. Debes evaluar el nivel de riesgo y ponerlo en la balanza frente a tu capacidad de gestión. Si decides constituir una sociedad, probablemente necesitarás contar con el apoyo de un asesor quien se ocupará de la burocracia.

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