
En la historia reciente del automovilismo deportivo hay pocas historias de éxito tan admirables como la que escribió el Audi R8, ganador en varias ocasiones de la carrera más importante del deporte motor, las 24 horas de Le Mans. Y es que una competencia sumamente complicada, donde se conjugan una serie de factores como lo son la tecnología de punta, la confiabilidad y la pericia, no es cualquier cosa.
Audi, siendo fiel a un mercado que representa casi la mitad de sus ventas, es decir el de mecánicas diesel incursionará como pionero con un V12 TDI de inyección directa y un desplazamiento de 5.5 litros (el máximo permitido en Le Mans), las cifras de potencia y torque alcanzan valores inusitados para motores de este tipo, llegando a 650 hp y 811 libras respectivamente. Tales cantidades de torque provocaron que durante el desarrollo del motor, los vehículos de prueba se torcieran, por lo que la marca tuvo que reforzarlos.
Con estas características, el R10 será un vehículo completamente distinto de manejar, el torque estará disponible en su totalidad entre las 3,000 y 5,000 vueltas, que es relativamente bajo para un motor de carreras, así que los pilotos podrán ocupar menos la caja de cambios, algo muy útil en las competencias de resistencia. Adicionalmente el fabricante está preocupado por hacer de este bólido un auto amigable con el medio ambiente, por lo que vendrá equipado con filtro de partículas, sospecho que para algunos fanáticos no será del todo agradable porque desaparecerán las flamas que en ocasiones salen del ducto del escape y que lucen tan espectaculares en los eventos que transcurren en la noche.
Ciertamente Peugeot fue el primero en anunciar después de su retiro del WRC que su programa de automovilismo deportivo incluía un vehículo para carreras de resistencia con motor a diesel. Este auto hizo su debut con gran éxito.
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